16 febrero 2015

Penumbra

En la penumbra de los días puede pasar el tiempo despertando para beber, fumar y volviendo hacia la oscuridad. Las horas del ocaso tienen la absoluta certeza de los sueños perdidos, del tiempo que se esfumó. Ya nada sostiene el aliento y un ave negra como el manto que cubre sus ojos ronda y acecha. En el confín de la habitación moran impíos seres que se parecen a extraños seres mitológicos jugando a hacer trizas los segundos, apostando en un burdel de penurias cuál será la hora exacta en que exhale la última bocanada nauseabunda. Los felinos rondan y aguardan, sabiendo que del brazo del amo viene el sustento, ellos no quieren ser abandonados. Ellos pueden ver los seres y el ave, y lloran y miran penetrantes esa esquina, guardianes del infierno abogan por quien ya no quiere transcurrir.

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